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Ningún
sistema eléctrico tiene una eficiencia
de un cien por cien. Siempre hay una
pequeña cantidad de energía
que se transforma en calor debido al
paso de la corriente eléctrica.
El tiempo, cargas elevadas o fluctuantes,
vibraciones, fatiga de materiales, condiciones
ambientales, etc... provocan que tanto
los componentes como las superficies
de contacto se vayan deteriorando, y
por tanto aumentando la resistencia
eléctrica.
Este
aumento de resistencia lleva consigo
inevitablemente un aumento de la temperatura
del componente que en ocasiones puede
producir problemas eléctricos
como cortocircuitos o fallos en la alimentación
a otros sistemas, pero a demás
puede derivar en otros riesgos como
incendios o daños personales.
Poder
detectar este incremento de temperatura
sin modificar las condiciones de trabajo,
será fundamental para poder adelantarnos
a la avería y de esta manera
evitar un posible desastre futuro. Es
aquí donde la termografía
infrarroja se convierte en un instrumento
eficaz en el mantenimiento predictivo
y preventivo ya que de una manera rápida
y visual el termógrafo podrá
determinar el estado de la instalación
eléctrica así como el
de los componentes que la forman.
Algunas
de las aplicaciones de la termografía
en el campo eléctrico son:
-
Estado de conexiones, bornes y aisladores.
- Estudio e histórico de transformadores.
- Estado de bobinados de motores / generadores,
Armonicos, Inducciones,
- Desequilibrio de fases ....
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Detección
de un punto caliente en un interruptor
eléctrico |
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Imagen Visual del interruptor
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Imagen térmica de contacto
sobrecalentado debido a un
mal apriete |
Imagen termica despues
de la acción correctiva
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